¿Por qué esta campaña?

La nueva reforma de las pensiones planteada por el PP, aún en versión de anteproyecto, es un nuevo ataque a las conquistas sociales logradas por la clase trabajadora. Se trata de un proyecto promovido por la troika, englobado bajo el marco de las “reformas estructurales”, y que ya tuvo su fenómeno más cercano en la reforma de las pensiones llevada a cabo por el Partido Socialista. Aquella última reforma amplió la edad de jubilación a los 67 años, mientras que la actual se centra en la reducción del poder adquisitivo de los pensionistas en el corto plazo y en la reducción de las cuantías totales en el medio plazo.

Tanto esta como la anterior reforma se justifican de acuerdo a las previsiones demográficas que plantean un envejecimiento muy elevado de la población y, en consecuencia, una elevada tasa de dependencia. En vez de afrontar el problema financiero que de ello se deriva por la vía del aumento de los ingresos, el Gobierno opta por la reducción de los gastos.

El objetivo real que se persigue es promover el desarrollo de los planes de pensiones privados, que son un negocio para los bancos. El sistema privado es un sistema insolidario, individualista y además mucho menos seguro porque depende de la especulación financiera. Sin embargo, es un sector en crecimiento por el miedo instigado por parte de los Gobiernos y la troika, además de que cuenta con ventajas fiscales también puestas a disposición por parte del Gobierno.

Por otra parte, es importante centrar el argumento también en el fondo ideológico que subyace a la reforma. A saber, la sociedad puesta al servicio de la economía y sus indicadores pretendidamente asépticos. La evolución demográfica no es un problema como tal, sino un rasgo de las sociedades modernas. El incremento de la esperanza de vida no puede ser entendido como un problema, sino como una conquista. Así, hay que hablar de calidad de vida y no de términos economicistas. Por eso es útil romper el debate con indicadores alternativos como los años de vida saludable.